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El crecimiento urbano sobre terrenos de alta pendiente, las intensas lluvias y las condiciones geológicas convierten al Valle de Aburrá en uno de los territorios con mayor susceptibilidad a movimientos en masa en Colombia. En el V Simposio Geoamenazas se presentaron diferentes propuestas científicas y de los sistemas de alerta temprana como herramientas para reducir el riesgo y proteger a las comunidades.

 

Cada temporada de precipitaciones reaviva una preocupación constante en Medellín y el Valle de Aburrá: los movimientos en masa. Detrás de estos eventos confluyen factores naturales y humanos que hacen de las laderas un escenario especialmente vulnerable. Comprender por qué ocurren estos fenómenos y cómo anticiparlos es el propósito de investigadores que trabajan para fortalecer la gestión del riesgo y prevenir tragedias.

 

Las características naturales del territorio explican buena parte del problema. El Valle de Aburrá reúne una combinación de condiciones geológicas, geomorfológicas y climáticas que favorecen la ocurrencia de movimientos en masa.

 

"El Valle de Aburrá cumple con todas las características para que se den movimientos en masa. Es diverso en geología y en la geomorfología, presenta pendientes altas que en este momento se encuentran casi que la mayoría urbanizadas y, aparte de eso, nos encontramos en el trópico, una de las regiones donde más llueve en el mundo. Todo esto reúne las características para que los movimientos en masa sean muy frecuentes cada año y, por eso, generan pérdidas en nuestra región", explicó Óscar Iván Sánchez Patiño, egresado de Ingeniería Geológica y estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Facultad de Minas de la Unal.

 

A estas condiciones naturales se suma el crecimiento urbano sobre las laderas, un proceso que incrementa la exposición de la población cuando las construcciones no cumplen con los criterios técnicos adecuados o se desarrollan en zonas de alta amenaza. Sin embargo, en los últimos años, Medellín ha fortalecido las estrategias para comprender estos fenómenos y reducir sus impactos mediante monitoreo y trabajo con las comunidades.

 

"Entidades como el DAGRD, el DAGRAN, la Universidad Nacional y el Área Metropolitana se han puesto en la tarea de llevar a cabo proyectos de investigación en torno al estudio de la amenaza por movimientos en masa, la susceptibilidad y la implementación de sistemas de alerta temprana con el fin de brindar alertas", señala el investigador. Estas iniciativas incluyen la instalación de sensores, el análisis de variables meteorológicas e hidrológicas y procesos de apropiación social del conocimiento con las comunidades asentadas en zonas de riesgo.

 

 

Aunque los deslizamientos pueden presentarse en diferentes sectores del valle, existen áreas donde la combinación de factores naturales y presión urbanística incrementa significativamente la susceptibilidad como San Antonio de Prado, en el suroccidente de Medellín. Según Sánchez Patiño, "presenta una variabilidad geomorfológica y geológica importante y es una de las zonas donde más llueve en el Valle de Aburrá; además, la planificación territorial ha crecido mucho en esa zona, lo que la hace susceptible a los movimientos en masa".

 

Otro punto crítico corresponde al nororiente de la ciudad, donde, además de las condiciones geológicas y las precipitaciones, el crecimiento de asentamientos sobre las laderas aumenta el nivel de vulnerabilidad.

 

"Cada día se construye más arriba de las laderas, con más asentamientos informales que no cumplen con la norma de construcción, y esto aumenta la vulnerabilidad. Hay viviendas que quedan expuestas y, sumadas a las condiciones de la geología, la geomorfología y la lluvia, se convierten en escenarios propicios para los movimientos en masa", advierte.

 

Aun cuando un terreno no esté catalogado como altamente susceptible, es indispensable construir siguiendo la normativa técnica vigente para edificaciones en ladera. Aspectos como las cimentaciones, la estabilización de taludes y el adecuado manejo de las aguas superficiales son determinantes para disminuir la posibilidad de que el suelo se sature y se desencadenen procesos de inestabilidad.

 

"Creemos que una apuesta fundamental hoy debe ser el monitoreo de los fenómenos amenazantes. Venimos fortaleciendo los sistemas de alerta temprana; cuando llegamos al Distrito había cerca de 12 y la apuesta ahora es tener 40. Ya vamos a contar con 33 sistemas más, es decir, casi triplicar la capacidad de monitoreo, destacó Diego Peña Peña, del Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres, DAGRD.

 

La experiencia científica muestra que los movimientos en masa no tienen una única causa, sino que suceden por la interacción entre las condiciones naturales del territorio y las decisiones de ocupación del suelo. En esta ciudad construida entre montañas, el conocimiento geológico, la planificación urbana y los sistemas de alerta temprana son la triple alianza para reducir el riesgo y proteger la vida que habita las laderas delárea metropolitana.

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